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ALIMENTACIÓN Y EMOCIONES

Hoy quiero hablarte de las emociones que te inducen a comer por hambre emocional y no hambre física.

¿Quién no ha comido en algún momento por aburrimiento, tristeza, enfado, ansiedad?

Bueno empecemos haciendo un poco de repaso, la relación personal con la comida está condicionada por las emociones desde los primeros momentos de vida. Al mamar, el bebé recibe alimento, placer y cariño.

El problema surge cuando en edades tempranas empezamos a relacionar la comida con algún castigo, premio; es decir con algún conflicto emocional vivido en esa época. Eso hace que se utilice la comida como ansiolítico emocional.

Las emociones vividas nos empujan a comer en exceso o todo lo contrario si no hacemos una buena gestión y toma de conciencia de ellas.

Por tanto, lo importante es tomar conciencia de qué emoción estoy sintiendo en este momento, en qué parte del cuerpo las estoy sintiendo, relaja el cuerpo y descansa tu atención sobre la respiración, nota como tu vientre se expande y se relaja con la inhalación y exhalación. Es una buena manera de empezar bajando la intensidad emocional.

Y ahora te invito que traigas a tu mente el recuerdo de alguna situación en la que comiste más de lo que deseabas o necesitabas y que posteriormente surgiera un pensamiento de culpabilidad. Recuerda en qué lugar estabas, si estabas sentada comiendo o de pie, que hora era, si estabas acompañada o no. ¿Cómo fue el momento en el que sentiste esa hambre? ¿Recuerdas que comiste?

Recuerda nuevamente la escena, pero esta vez céntrate en las sensaciones físicas, observa qué sientes y donde los sientes, En la escala del 0 al 10 ¿cuál es la intensidad de tu malestar?

Observa las sensaciones si son agradables, desagradables… ¿que surge en tu conciencia en este momento? ¿Puedes notar algún sentimiento de culpabilidad, rechazo, enfado hacia ti mismo/a?

Observa desde cuando tienes ese sentimiento de culpabilidad, quizás te viene a la mente alguna situación, persona en concreto, un gesto, una frase…obsérvalo sin analizar, sin juicios, sólo déjalo salir.

Observa que emociones están presentes, si aumentan de intensidad o se diluyen en el tiempo, te invito a que te des amabilidad y bondad, expande esta sensación por todo tu cuerpo, acompáñalo con la respiración que es un ancla en el momento presente.

Una vez hecho la reflexión- meditación anterior te aconsejo que registres en tu diario de emociones qué ha surgido (antes y después de las comidas), te ayudará a conocerte cada vez más y tomar conciencia si estas comiendo para tapar alguna emoción o si comes con hambre real.

Te invito a hacerte las siguientes preguntas para identificar todavía más tu hambre emocional:

  • ¿Comería lo mismo si estuviera acompañada?
  • ¿Qué sensación me produce esta pregunta?

Respira unos minutos para bajar la intensidad emocional, escríbelo nuevamente en tu diario de emociones y alimentación

Feliz autoconocimiento, un abrazo con Salud.

Carmen Cuadra enfermera-dietista-coach nutricional

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